“Líbranos de todo mal” puede entenderse de muchas maneras:
- Del mal que está en nosotros mismos y que
nos daña.
- Del mal de los malvados que puede
afectarnos.
- De fenómenos naturales que causan la muerte.
- De accidentes trágicos que dejan postrado al
hombre.
- De malas decisiones por ignorancia,
desobediencia, orgullo, etc.
Pero también podría entenderse
de todo aquello que practicamos o hacemos con apariencia de bondad y que no
tiene resultados correctos, utilidad en la vida y aprobación de Dios, es decir,
que no es de calidad.
La calidad es la combinación del
logro, utilidad y satisfacción que un bien o servicio produce en su productor y
usuario (NFA100225).
Al librarnos de todo mal, Dios
nos hace productores de calidad. Es decir, nos convertimos en personas que
logran los resultados deseados, que solucionan problemas en la utilidad del
bien o servicio adquirido y que tienen una evaluación positiva o sobresaliente
ante lo que hacemos, tenemos y damos, o lo que compramos y adquirimos: usuarios
de calidad.
El corazón de la calidad está en
la utilidad. Ya sea productor o usuario de calidad, el propósito del bien o
servicio finalmente debe ser el mejorar la calidad de vida del hombre dentro de
la voluntad y la Palabra de Dios.
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