"Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre." (Salmo 121:8)
En este mundo, existen numerosos
peligros a nuestro alrededor, especialmente en la mentira, el engaño, la
hipocresía y la maldad. Pero, ¿cómo podemos saber realmente dónde estamos y con
quiénes nos relacionamos? El enemigo se disfraza de ángel de luz y el lobo se
viste de oveja. Más allá de los lugares, son las personas y sus intenciones
negativas las que debemos evitar. Sin embargo, ¿cómo puede un ciego reconocer
el peligro? Solo a través del suave susurro del Espíritu Santo, quien habla al
oído del justo para librarlo de todo mal.
Dios mismo abre puertas y cierra
otras para aquel que le teme y busca hacer su voluntad. El hombre puede hacer
planes, pero es Dios quien dispone en el corazón del que depende de Él.
En el temor del Señor, quien le
sigue y le obedece se abandona completamente en Sus brazos, confiando en Su
presencia y en Su Palabra. Esto es sinónimo de darle toda la gloria, el honor,
la gratitud y el reconocimiento al único digno de todo poder y autoridad: Dios
Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo.
No digas: "¿Qué quiero
yo?", mejor pregunta: "¿Qué quiere Dios de mí?"
¡Háblame Señor, y enséñame a
obedecerte!
¡No yo, sino Jesucristo!
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