Señor, nada soy sin Ti, nada puedo hacer, nada tengo ni nada puedo dar. Cuando me encuentro solo, olvidando que Tú habitas en mí, actúo con necedad, orgullo e imprudencia. Entonces, me avergüenzo de mí mismo por no haberte representado como un verdadero siervo, uno que da toda la gloria únicamente a Ti.
Perdóname, Señor, porque muchas veces he mostrado
autosuficiencia, siendo yo un pobre y limitado ser que nada puede hacer sin Ti.
Prefiero ser considerado el hombre más insignificante, pero lleno de temor por
Tu presencia y por Tu Espíritu Santo. Ayúdame a confiar y depender de
Jesucristo, a cumplir Tu voluntad con temor y temblor.
Dios mío, calla mis palabras si lo que voy a decir no te
glorifica, no te honra y no te representa. Yo, que soy nada sin Ti, anhelo
hablar y vivir solo para Tu gloria.
Te necesito, mi Señor. Dame dirección, ¡háblame! Muéstrame Tu
voluntad y enséñame a obedecerte y a representarte con el carácter de Cristo,
con la obediencia de un siervo, la fidelidad de un perro y el amor sincero de
un hombre que ha sido transformado por Tu amor.