No puedo cambiarte, ni siquiera
puedo transformarme a mí mismo. Necesito de Dios para ser cambiado. Es el
Espíritu Santo quien realiza Su obra transformadora en mí. Es como intentar
convertir a un cerdo en un cordero: es imposible. Para que eso ocurra, tendría
que volver a nacer. Lo mismo sucede con todo ser humano: nacemos en maldad, con
pecado y espiritualmente muertos. Es necesario volver a nacer en Cristo Jesús: “De
modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)
No se trata de nuestras opiniones
personales, ni de lo que puedan decir grandes eruditos, estudiosos o personajes
famosos. Se trata de la verdad, una verdad que, nos guste o no, está
establecida y revelada en la Palabra de Dios, la Biblia, de principio a fin.
El hombre sabio buscará la
voluntad de Dios, mientras que el necio, arrogante y rebelde, la rechazará. Al
final de todo, seremos juzgados conforme a la Palabra. Según ella, quienes
hayan aceptado vivir para Jesús y seguirle recibirán salvación; los demás
enfrentarán condenación: “Jesús le respondió: De cierto, de cierto te digo, que
el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3)
Mientras haya vida, hay
oportunidad. Pero llegará el momento en que será demasiado tarde. No esperes a
mañana o a un después para reconocer tu pecado y maldad. Acepta a Jesús en tu
vida y clama por Su perdón, transformación y salvación. Después, permite que Él
guíe tu vida hacia la santidad.
La coherencia entre tu decisión y
tu nueva naturaleza es esencial. Un cerdo siempre se revolcará en el lodo, tal
como el pecador en su pecado; pero el cordero es apacible, como aquel hombre
que permite ser pastoreado por Jesús y Su perfecta voluntad.
Clama a Dios por tu salvación y
transformación real y duradera. No subestimes el poder del Espíritu Santo para
cambiarte y guiarte hacia una vida de santidad. En Cristo todo es posible.