martes, 29 de abril de 2025

Una propuesta para presentar el mensaje de la Palabra de Dios

 

0.     Revisión de tareas. Antes de comenzar, revisamos las tareas asignadas previamente para fomentar la responsabilidad y la continuidad en el aprendizaje. "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres" (Colosenses 3:23).

1.     Oramos. Iniciamos con una oración para buscar la guía y la presencia del Espíritu Santo en nuestra enseñanza. "Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces" (Jeremías 33:3).

2.     Leemos el texto bíblico principal. Damos lectura al pasaje clave que será la base del mensaje, asegurándonos de entenderlo en su contexto. "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" (Salmos 119:105).

3.     Alabamos. Cantamos o expresamos alabanza como acto de adoración y preparación del corazón. "Cantad a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra" (Isaías 12:5).

4.     Presentamos el tema y la estructura del mensaje. Explicamos brevemente el tema principal y organizamos los puntos que se desarrollarán. "Pero hágase todo decentemente y con orden" (1 Corintios 14:40).

5.     Hacemos la introducción. Planteamos una introducción que capte la atención, prepare la mente y conecte con el pasaje bíblico. "La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples" (Salmos 119:130).

6.     Desarrollamos el tema. Presentamos el contenido principal, explicando y aplicando las enseñanzas del texto bíblico. "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16).

7.     Presentamos las aplicaciones. Mostramos cómo las enseñanzas del mensaje se aplican en la vida diaria. "Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Santiago 1:22).

8.     Concluimos y cerramos. Resumimos el mensaje, reforzando la enseñanza y haciendo un llamado claro a la acción. "Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2:1).

9.     Evaluamos y reflexionamos sobre el mensaje. Evaluamos y reflexionamos sobre cómo el mensaje fue recibido, su claridad y aplicabilidad. "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos" (2 Corintios 13:5).

10. Respondemos preguntas. Permitimos un espacio para aclarar dudas o profundizar en temas relevantes al mensaje. "Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor" (Efesios 4:2).

11. Dejamos la tarea para la siguiente reunión. Asignamos tareas que fomenten la aplicación práctica y el aprendizaje continuo de la Palabra. "Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza" (Proverbios 14:23).

12. Presentamos el tema para la próxima reunión. Anunciamos el tema próximo, generando expectativa y preparación. "Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana cuidará de sí mismo" (Mateo 6:34).

viernes, 25 de abril de 2025

NO ME ACARICIES EL OÍDO, DIME LA VERDAD

 

Cuando un médico te informa que han detectado cáncer en tu cuerpo, cuando un ingeniero civil te advierte que debes abandonar tu casa porque está a punto de colapsar, o cuando un contador te recomienda implementar medidas de austeridad y reducir gastos para evitar problemas económicos, estas verdades, aunque difíciles de escuchar, son necesarias para tomar decisiones que pueden salvar tu vida, proteger tu patrimonio o mejorar tu responsabilidad en la administración de los recursos.

Ahora bien, imagina que estos especialistas, en lugar de decirte la verdad, optaran por suavizar el mensaje para preservar tu autoestima, evitando incomodarte o persuadirte a cambiar tus hábitos. Las consecuencias serían devastadoras: el caos y la muerte estarían a la vuelta de la esquina.

Lo mismo ocurre con los predicadores y maestros de la Palabra de Dios que acomodan el mensaje del Señor según los deseos del oyente. Hablan de bendiciones, pero callan sobre las maldiciones; presentan el cielo y la vida eterna, pero omiten el infierno y el tormento perpetuo; exaltan el amor de Dios, pero no enseñan sobre Su santa ira; inspiran afirmando que eres un campeón, pero no reprenden el pecado.

La verdad incomoda, duele y puede frustrarnos, pero es indispensable para aprender y vivir correctamente. La verdad edifica, corrige y es buena.

Jesús y Su Palabra son la verdad (Juan 14:6, Juan 17:17). Conocerlo y obedecer Su voluntad es de sabios, porque esta verdad libera del pecado, de la muerte y del castigo eterno. Podemos confiar plenamente en la verdad de la Palabra de Dios: no falla, no engaña, no miente, no es emocional ni manipulable; es inmutable, única y sabia.

Aferrémonos a Jesús. Buscarlo y hacer Su voluntad es caminar en la verdad, una luz que ilumina nuestro sendero y nos aparta de las tinieblas y de toda maldad.

Aprender a vivir en la verdad implica vivir en santidad: no practicar el pecado, y si caemos, arrepentirnos, clamar a Dios por perdón y fortaleza espiritual, levantarnos nuevamente y estar alertas para no volver a tropezar. Entre más verdad habite en nosotros, más rechazaremos la mentira, el pecado y la muerte, no solo la muerte física, sino la muerte espiritual, según la verdad que solo se encuentra en Jesús, quien vino a este mundo para rescatarnos y darnos la luz de Su verdad.

martes, 22 de abril de 2025

LO QUE DICE Y LO QUE QUIERES QUE DIGA


 Imagina ajustar los mensajes de otros, ya sean personas o grandes autores, para que se alineen con tus propias necesidades e intereses. Existe el riesgo de sacar un texto fuera de contexto, distorsionando el verdadero propósito del mensaje original.

En el caso de los mensajes motivacionales o la interpretación de relatos bíblicos mediante una eiségesis, aunque el esfuerzo sea bien intencionado, tratar de ajustar uno o varios textos al mensaje que se quiere transmitir puede ser peligroso. Sacar un texto de su contexto es, como se suele decir, un “mal pretexto” dentro de los parámetros de la verdad.

La Palabra de Dios es la verdad (Juan 17:17); Jesús es la verdad (Juan 14:6); y el Espíritu de verdad nos guía, orienta y enseña (Juan 16:13). Por lo tanto, es imprescindible estudiar la Biblia sistemáticamente, considerando siempre su contexto original. Un método útil es el inductivo, que nos permite analizar cada palabra en su dimensión real. Adicionalmente, realizar estudios exegéticos y hermenéuticamente correctos de cada pasaje nos proporciona mayor seguridad, autoridad y, sobre todo, santidad en la enseñanza. Esto es fundamental para ser auténticos comunicadores, maestros, predicadores o emisores de la Palabra de Dios, transmitiendo fielmente su significado sin distorsionar el mensaje con sesgos que, tarde o temprano, serán juzgados por el verdadero Autor.

miércoles, 16 de abril de 2025

Imperfectos transformados para inspirar a otros


 Jesús llamó a hombres imperfectos, enfocados en sus trabajos, necesidades e intereses. A pesar de estar ocupados, dejaron todo para seguirlo. Durante tres años fueron formados al observar al Maestro. Aunque cada uno tenía un carácter diferente y peculiar, al madurar y enfrentarse a la ausencia física de Jesús, comprendieron que la verdadera forma de ser discípulos y seguidores era morir a sí mismos para reflejar más a Cristo, su Maestro y Líder.

No son los dones, talentos ni fortalezas lo que hace valioso a un seguidor de Jesús, sino el carácter moldeado y sometido al Señor. Es este carácter, transformado a través de una relación íntima con Él, lo que sustenta la formación y transformación del creyente. Este proceso no se basa en ideas humanas, sino en el modelo perfecto de Jesucristo.

Con los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2), el pueblo de Dios está compuesto por hombres y mujeres que han abandonado su identidad, sueños y metas terrenales para conformarse a la imagen de Cristo. Su enfoque está en el reino de Dios, la vida eterna y en cumplir el propósito de atraer a otros al camino de la verdad, reflejando el carácter y la misión de Jesús.

De la humanidad a la divinidad, de la individualidad a la colectividad en Cristo, el pueblo de Dios no se propaga como una pandemia de enfermedad y muerte, sino como un contagio de amor, santidad y vida. Un discípulo de Jesús aspira a ser cada vez más como su Señor, y en ese camino, inspira y guía a otros hacia el mismo propósito.

Como dice el apóstol Pablo en 2 Corintios 3:18 "Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu." Debemos clamar a Dios para que Él se refleje en nosotros y seamos transformados en Cristo en un proceso continuo que nos lleve a inspirar a otros con nuestra vida, dando la gloria a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

martes, 8 de abril de 2025

¿Dónde está tu confianza?

 

Las riquezas, como las aves, pueden volar en cualquier momento: Te acuestas rico y te levantas pobre. Un fenómeno natural, una guerra, un robo, etc., pueden transformar tu vida radicalmente y para siempre. Muchos se derrumban, se deprimen y en el estrés toman malas decisiones. ¿Por qué? Porque su confianza estaba en sus bienes, posesiones y riquezas, como si lo material de este mundo asegurase una vida placentera para siempre.

Sin embargo, las Escrituras nos llaman a confiar en el Señor y no en nuestras propias fuerzas: "Confía en el Señor de todo corazón y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas." (Proverbios 3:5-6). Dios nos guía cuando le entregamos nuestra confianza.

Las riquezas generan codicia, envidias, males y pesares en uno mismo y en los que no las comprenden. Es mejor vivir con lo necesario, confiando en Dios, que teniendo mucho y sustentarse en este mundo. Como dice el salmista: "Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará." (Salmos 37:5). Recuerda que Dios actúa en favor de quienes le confían su vida.

Pareciera que algunos piensan que van a vivir por siempre y no entienden que, en el momento menos pensado, parten de esta vida y dejan todo muchas veces sin un destino apropiado. Las riquezas son inciertas y confiar en ellas es necedad. Dios es dueño de todo; Él da y quita según su voluntad. Como nos recuerda Isaías: "Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna." (Isaías 26:4). Él es firme y nunca cambia, siendo la verdadera fuente de paz y estabilidad.

Dios conoce nuestras intenciones, prueba nuestros corazones y nos llama a ponerlo en el primer lugar de nuestras vidas, pues no está dispuesto a ser compartido como una prioridad secundaria. Confiar en Jesús es la clave para enfrentar cualquier adversidad y hallar propósito eterno.

Y tú, ¿Dónde pones tu confianza?

miércoles, 2 de abril de 2025

Es Él, solo Él, Jesús

 

Satúrate de Dios, llénate de lo bueno, elimina todo lo malo, quita toda tibieza y sé un fuego ardiente y radical para Jesús.

Mi modelo no está en ningún hombre, ni en este mundo ni en lo que alguien pueda hacer. Mi modelo está en Jesús.

Ya no admitiré contenido, conversaciones ni espacios que excluyan la voluntad de Dios. Entiendo que vivo en un mundo caído, que cada vez se aleja más de Su diseño, pero sé que he sido llamado a traer el reino de Dios a la tierra: a proclamar la voluntad del Padre entre los hombres y a compartir la Palabra de Dios. Sólo puedo cumplir este propósito si soy radical y consistente, auténtico y servicial, un siervo y esclavo dependiente de mi Señor, atento a Sus órdenes y deseos.

Todo lo pondré bajo el filtro de Su Palabra. No busco la aprobación de los hombres ni la certificación de las autoridades humanas; busco la aprobación del Padre, en Cristo Jesús. Siendo guiado por el Espíritu Santo, estoy en el camino correcto. No es en mis fuerzas ni en mis talentos; es en Su presencia, en Su Palabra, y en Su amor.

No me aparto de Jesús. Vivo para Él, respiro para Él, camino para Él, hablo en Él, veo en Él, y hago todo por Él, porque soy de Él. Toda la gloria, el honor y la gratitud son sólo para Jesús. Amén.

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