viernes, 25 de abril de 2025

NO ME ACARICIES EL OÍDO, DIME LA VERDAD

 

Cuando un médico te informa que han detectado cáncer en tu cuerpo, cuando un ingeniero civil te advierte que debes abandonar tu casa porque está a punto de colapsar, o cuando un contador te recomienda implementar medidas de austeridad y reducir gastos para evitar problemas económicos, estas verdades, aunque difíciles de escuchar, son necesarias para tomar decisiones que pueden salvar tu vida, proteger tu patrimonio o mejorar tu responsabilidad en la administración de los recursos.

Ahora bien, imagina que estos especialistas, en lugar de decirte la verdad, optaran por suavizar el mensaje para preservar tu autoestima, evitando incomodarte o persuadirte a cambiar tus hábitos. Las consecuencias serían devastadoras: el caos y la muerte estarían a la vuelta de la esquina.

Lo mismo ocurre con los predicadores y maestros de la Palabra de Dios que acomodan el mensaje del Señor según los deseos del oyente. Hablan de bendiciones, pero callan sobre las maldiciones; presentan el cielo y la vida eterna, pero omiten el infierno y el tormento perpetuo; exaltan el amor de Dios, pero no enseñan sobre Su santa ira; inspiran afirmando que eres un campeón, pero no reprenden el pecado.

La verdad incomoda, duele y puede frustrarnos, pero es indispensable para aprender y vivir correctamente. La verdad edifica, corrige y es buena.

Jesús y Su Palabra son la verdad (Juan 14:6, Juan 17:17). Conocerlo y obedecer Su voluntad es de sabios, porque esta verdad libera del pecado, de la muerte y del castigo eterno. Podemos confiar plenamente en la verdad de la Palabra de Dios: no falla, no engaña, no miente, no es emocional ni manipulable; es inmutable, única y sabia.

Aferrémonos a Jesús. Buscarlo y hacer Su voluntad es caminar en la verdad, una luz que ilumina nuestro sendero y nos aparta de las tinieblas y de toda maldad.

Aprender a vivir en la verdad implica vivir en santidad: no practicar el pecado, y si caemos, arrepentirnos, clamar a Dios por perdón y fortaleza espiritual, levantarnos nuevamente y estar alertas para no volver a tropezar. Entre más verdad habite en nosotros, más rechazaremos la mentira, el pecado y la muerte, no solo la muerte física, sino la muerte espiritual, según la verdad que solo se encuentra en Jesús, quien vino a este mundo para rescatarnos y darnos la luz de Su verdad.

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