Imagina ajustar los mensajes de otros, ya sean personas o grandes autores, para que se alineen con tus propias necesidades e intereses. Existe el riesgo de sacar un texto fuera de contexto, distorsionando el verdadero propósito del mensaje original.
En el caso de los mensajes
motivacionales o la interpretación de relatos bíblicos mediante una eiségesis,
aunque el esfuerzo sea bien intencionado, tratar de ajustar uno o varios textos
al mensaje que se quiere transmitir puede ser peligroso. Sacar un texto de su
contexto es, como se suele decir, un “mal pretexto” dentro de los parámetros de
la verdad.
La Palabra de Dios es la verdad
(Juan 17:17); Jesús es la verdad (Juan 14:6); y el Espíritu de verdad nos guía,
orienta y enseña (Juan 16:13). Por lo tanto, es imprescindible estudiar la
Biblia sistemáticamente, considerando siempre su contexto original. Un método
útil es el inductivo, que nos permite analizar cada palabra en su dimensión
real. Adicionalmente, realizar estudios exegéticos y hermenéuticamente
correctos de cada pasaje nos proporciona mayor seguridad, autoridad y, sobre
todo, santidad en la enseñanza. Esto es fundamental para ser auténticos
comunicadores, maestros, predicadores o emisores de la Palabra de Dios,
transmitiendo fielmente su significado sin distorsionar el mensaje con sesgos
que, tarde o temprano, serán juzgados por el verdadero Autor.
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