martes, 1 de julio de 2025

CULTIVAR UNIDAD CON PROPÓSITO

¿Cómo lograr consenso en torno a una fortaleza institucional compartida?

Cuando diversas personas forman parte de una institución, establecer una fortaleza común requiere que esta esté:

  • Enraizada en la misión y visión institucional.
  • Coherente con los valores y perfiles definidos.
  • En desarrollo activo dentro de la comunidad.

Una fortaleza compartida no se impone, se cultiva. Por ejemplo, educar integralmente en los valores y principios de la Biblia puede ser una expresión concreta de dicha fortaleza.

¿Qué implica esto para los integrantes?

Para que esta visión sea comprendida y abrazada, es clave que todos entiendan:

  • Qué significa educar integralmente: No sólo formar la mente, sino también el carácter, el corazón y el espíritu (Proverbios 4:23; 2 Timoteo 3:16-17).
  • Qué son los principios bíblicos: Verdades fundamentales reveladas en las Escrituras que guían la vida y las decisiones (Mateo 7:24-25; Romanos 12:2).
  • Qué son los valores bíblicos: Cualidades como amor, justicia, humildad, fidelidad y santidad (Gálatas 5:22-23; Miqueas 6:8).

Y sobre todo, no olvidemos el ser. Nuestro modelo es Jesús, quien enseñó con amor, lideró con humildad y sirvió con excelencia (Juan 13:14-15; Filipenses 2:5-8).

Excelencia, propósito y unidad

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23)

Cada acción debe reflejar calidad y excelencia, no por ambición humana, sino para glorificar a Dios y edificar a las personas. La misión y visión institucional son el vínculo que une y da dirección. Si alguien no puede comprometerse con ellas, sería sabio considerar su permanencia una vez cumplida su labor.

La tarea es clara: lograr que cada persona conozca, se identifique, ame y sirva en el desarrollo de la misión, visión y valores. Una institución con propósito claro genera unidad genuina.

Liderazgo relacional y espiritual

No lideramos estructuras, lideramos personas. Y cada persona debe ser vista como alguien de alto valor ante los ojos de Dios (Salmos 139:14; Mateo 10:30-31). Por ello:

  • Respeta, ama y ora por cada integrante del equipo.
  • No utilices a las personas como recursos, sino como colaboradores dignos de confianza.
  • Únete a quienes comparten tus no negociables, para construir sobre terreno firme (Amós 3:3).

Finalmente, recordemos:

“No es la aptitud, sino la actitud la que determina la altitud de un equipo”. Y esa actitud debe estar marcada por humildad, servicio y la disposición de crecer juntos en Cristo.

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