¿Cómo lograr consenso en torno a una fortaleza institucional compartida?
Cuando diversas personas forman parte de una institución,
establecer una fortaleza común requiere que esta esté:
- Enraizada
en la misión y visión institucional.
- Coherente
con los valores y perfiles definidos.
- En
desarrollo activo dentro de la comunidad.
Una fortaleza compartida no se impone, se cultiva. Por
ejemplo, educar integralmente en los valores y principios de la Biblia
puede ser una expresión concreta de dicha fortaleza.
¿Qué implica esto para los integrantes?
Para que esta visión sea comprendida y abrazada, es clave que
todos entiendan:
- Qué
significa educar integralmente: No sólo formar la mente,
sino también el carácter, el corazón y el espíritu (Proverbios 4:23; 2
Timoteo 3:16-17).
- Qué
son los principios bíblicos: Verdades fundamentales
reveladas en las Escrituras que guían la vida y las decisiones (Mateo
7:24-25; Romanos 12:2).
- Qué
son los valores bíblicos: Cualidades como amor,
justicia, humildad, fidelidad y santidad (Gálatas 5:22-23; Miqueas 6:8).
Y sobre todo, no olvidemos el ser. Nuestro modelo es Jesús,
quien enseñó con amor, lideró con humildad y sirvió con excelencia (Juan
13:14-15; Filipenses 2:5-8).
Excelencia, propósito y unidad
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor
y no para los hombres” (Colosenses 3:23)
Cada acción debe reflejar calidad y excelencia, no por
ambición humana, sino para glorificar a Dios y edificar a las personas. La misión
y visión institucional son el vínculo que une y da dirección. Si alguien no
puede comprometerse con ellas, sería sabio considerar su permanencia una vez
cumplida su labor.
La tarea es clara: lograr que cada persona conozca, se
identifique, ame y sirva en el desarrollo de la misión,
visión y valores. Una institución con propósito claro genera unidad genuina.
Liderazgo relacional y espiritual
No lideramos estructuras, lideramos personas. Y cada persona
debe ser vista como alguien de alto valor ante los ojos de Dios (Salmos 139:14;
Mateo 10:30-31). Por ello:
- Respeta,
ama y ora por cada integrante del equipo.
- No
utilices a las personas como recursos, sino como colaboradores dignos de
confianza.
- Únete
a quienes comparten tus no negociables, para construir sobre
terreno firme (Amós 3:3).
Finalmente, recordemos:
“No es la aptitud, sino la actitud la que determina la altitud de un equipo”. Y esa actitud debe estar marcada por humildad, servicio y la disposición de crecer juntos en Cristo.
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