deza? ¿Cómo la inexistencia puede adorar la belleza y majestuosidad de Dios? Solo por Su infinita misericordia. Porque un día, en Su soberana voluntad, Dios se apiadó de un pecador perdido, sin esperanza ni vida, y lo levantó de su miseria y maldad. Le dio vida en Cristo y lo restauró para la gloria de Su nombre (Efesios 2:4-5).
Aunque no somos perfectos y
fallamos, anhelamos ardientemente adorar a Dios con todo nuestro ser. Sin
embargo, no podemos hacerlo en nuestras propias fuerzas; necesitamos de Su
Espíritu para adorarle en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24).
¡Adóralo!
Todos hemos pecado y estamos
destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). No hay justo por sí mismo.
Solo Jesucristo es el varón bienaventurado que nunca pecó, ejemplo perfecto de
obediencia al Padre y de rechazo al mal (Hebreos 4:15; Salmos 1:1-2).
No hay nadie como Jesús. Él es
verdadero hombre y verdadero Dios, digno de toda adoración y del
quebrantamiento de nuestro corazón. ¡Adóralo en todo tiempo! ¡Adóralo en todo
lugar! ¡Adóralo en toda circunstancia! Porque solo Él es digno de recibir toda
gloria, honra y alabanza (Apocalipsis 5:12-13).
Bendito sea el Señor
Bendito seas Tú, oh Jesús, Dios
eterno hecho hombre, Salvador y Señor, Príncipe de paz (Isaías 9:6), quien fue,
es y será. Bienaventurado y glorificado por siempre. A tu nombre sea toda la
gloria, y toda rodilla se doble delante de Ti, reconociendo tu autoridad, poder
y majestad, como el Rey de reyes y Señor de señores (Filipenses 2:10-11;
Apocalipsis 19:16).
Tú eres el camino, la verdad y
la vida (Juan 14:6), nuestro creador y sustentador (Colosenses 1:16-17), quien
nos instruye, intercede por nosotros (Hebreos 7:25) y un día nos juzgará con
justicia (Hechos 17:31). En Ti somos justificados, en Ti vivimos, en Ti tenemos
plenitud y en Ti damos fruto para la gloria del Padre (Romanos 5:1; Juan 15:5).
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