Sé ordenado; sé diligente; mantén todo limpio y listo para ser usado antes de guardarlo. Que todo a tu alrededor esté en orden. Establece metas diarias, esfuérzate y sé valiente en cumplirlas. Organízate de la mejor manera, aprovechando bien cada recurso. Enfócate en ser un mayordomo fiel para tu propia bendición, la de los demás y para la gloria de Dios. Que la limpieza y la pulcritud sean tu estandarte. ¡Todo limpio y ordenado! Ahorrarás tiempo, esfuerzo y dinero.
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