Una imagen no puede interceder. Eso es idolatría. La Biblia enseña que la intercesión pertenece únicamente a Cristo y al Espíritu Santo, y que postrarse ante imágenes es idolatría.
Éxodo 20:4-5 No te harás
imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la
tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las
honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de
los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me
aborrecen,
Cuidado con postrarse ante
imágenes. Ello acarrea condenación hasta la cuarta generación.
Isaías 44:9-10 Los
formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de
ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que
los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen
que para nada es de provecho?
Las imágenes no son nada, solo
son ídolos que levantan la ira de Dios contra quienes se postran ante ellas.
Jeremías 10:5 Derechos
están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No
tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen
poder.
No debes adorar a un ser inerte,
menos creado por tus propias manos.
1 Timoteo 2:5 Porque hay
un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.
Solo hay un mediados e intercesor
entre Dios y los hombres: Jesucristo.
Romanos 8:26-27 Y de igual
manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como
conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la
intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los
santos.
El Espíritu Santo habita en la
iglesia de Jesucristo y nos da entendimiento de su Palabra, intercede por
nosotros y nos lleva a la verdad.
Las imágenes no tienen poder ni
voz, no pueden interceder, y adorarlas es idolatría. La verdadera intercesión
proviene únicamente de Cristo y del Espíritu Santo. Por eso, el creyente debe
rechazar toda práctica que sustituya la mediación divina por objetos creados.
LA RELIGIÓN NO SALVA, LOS
HOMBRES TAMPOCO, LAS IMÁGENES MENOS
Ninguna religión puede salvar al
hombre, porque la religión es el intento humano de acercarse a Dios por sus
propios medios. La Escritura enseña que la salvación no está en prácticas
externas, sino en Cristo mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Además, la Palabra afirma: “Porque
hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre” (1 Timoteo 2:5).
Los discípulos de Jesús fueron
llamados cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26). Desde
entonces, los seguidores de Cristo han sufrido persecuciones, encarcelamientos,
torturas y muerte por causa del evangelio (Hechos 14:22; 2 Timoteo 3:12). Ser
cristiano no es pertenecer a una religión, sino vivir una relación con Dios por
medio de Jesucristo y el Espíritu Santo, fundamentada en Su Palabra: la Biblia
(2 Timoteo 3:16-17).
La fe no se impone, se cree.
Muchos seguirán rechazándola por la dureza de su corazón (Hebreos 3:15), por
tradición, comodidad, temor al qué dirán o presión familiar. Jesús mismo
advirtió: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido
para traer paz, sino espada” (Mateo 10:34-36). Seguirle implica oposición y
rechazo, incluso dentro de la propia familia.
Es cierto que finalmente Jesús
vendrá a juzgar a todos: “Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10). En ese día, “toda
rodilla se doblará, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor”
(Filipenses 2:10-11). Hoy Él es nuestro abogado (1 Juan 2:1), pero en el juicio
será juez (Hechos 17:31). Por eso debemos estar preparados, pues no habrá
excusa de ignorancia.
La decisión de derribar las
imágenes en cada hogar corresponde a quienes vienen a la verdad. La Biblia es
clara: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza… no te inclinarás a ellas
ni las honrarás” (Éxodo 20:4-5). Muchos permanecen cegados por la religión
(2 Corintios 4:4) y finalmente darán cuentas a Dios por su rebeldía y
desobediencia. Lo más grave es cuando esta incredulidad arrastra a hijos y
nietos, perpetuando la desobediencia en generaciones que han oído la verdad;
pero no la aceptan (Deuteronomio 5:9-10).
La Biblia enseña con claridad que
solo Cristo salva. La religión, las tradiciones o las imágenes no pueden
dar vida eterna. Hoy es el tiempo de creer en Jesús, vivir en obediencia a Su
Palabra y preparar nuestro corazón para el día en que Él juzgará al mundo con
justicia.