viernes, 22 de mayo de 2026

CUIDADO CON LA IDOLATRÍA

 


Una imagen no puede interceder. Eso es idolatría. La Biblia enseña que la intercesión pertenece únicamente a Cristo y al Espíritu Santo, y que postrarse ante imágenes es idolatría.

Éxodo 20:4-5 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

Cuidado con postrarse ante imágenes. Ello acarrea condenación hasta la cuarta generación.

Isaías 44:9-10 Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho?

Las imágenes no son nada, solo son ídolos que levantan la ira de Dios contra quienes se postran ante ellas.

Jeremías 10:5 Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.

No debes adorar a un ser inerte, menos creado por tus propias manos.

1 Timoteo 2:5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

Solo hay un mediados e intercesor entre Dios y los hombres: Jesucristo.

Romanos 8:26-27 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

El Espíritu Santo habita en la iglesia de Jesucristo y nos da entendimiento de su Palabra, intercede por nosotros y nos lleva a la verdad.

Las imágenes no tienen poder ni voz, no pueden interceder, y adorarlas es idolatría. La verdadera intercesión proviene únicamente de Cristo y del Espíritu Santo. Por eso, el creyente debe rechazar toda práctica que sustituya la mediación divina por objetos creados.

LA RELIGIÓN NO SALVA, LOS HOMBRES TAMPOCO, LAS IMÁGENES MENOS

Ninguna religión puede salvar al hombre, porque la religión es el intento humano de acercarse a Dios por sus propios medios. La Escritura enseña que la salvación no está en prácticas externas, sino en Cristo mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Además, la Palabra afirma: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

Los discípulos de Jesús fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26). Desde entonces, los seguidores de Cristo han sufrido persecuciones, encarcelamientos, torturas y muerte por causa del evangelio (Hechos 14:22; 2 Timoteo 3:12). Ser cristiano no es pertenecer a una religión, sino vivir una relación con Dios por medio de Jesucristo y el Espíritu Santo, fundamentada en Su Palabra: la Biblia (2 Timoteo 3:16-17).

La fe no se impone, se cree. Muchos seguirán rechazándola por la dureza de su corazón (Hebreos 3:15), por tradición, comodidad, temor al qué dirán o presión familiar. Jesús mismo advirtió: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mateo 10:34-36). Seguirle implica oposición y rechazo, incluso dentro de la propia familia.

Es cierto que finalmente Jesús vendrá a juzgar a todos: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10). En ese día, “toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor” (Filipenses 2:10-11). Hoy Él es nuestro abogado (1 Juan 2:1), pero en el juicio será juez (Hechos 17:31). Por eso debemos estar preparados, pues no habrá excusa de ignorancia.

La decisión de derribar las imágenes en cada hogar corresponde a quienes vienen a la verdad. La Biblia es clara: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza… no te inclinarás a ellas ni las honrarás” (Éxodo 20:4-5). Muchos permanecen cegados por la religión (2 Corintios 4:4) y finalmente darán cuentas a Dios por su rebeldía y desobediencia. Lo más grave es cuando esta incredulidad arrastra a hijos y nietos, perpetuando la desobediencia en generaciones que han oído la verdad; pero no la aceptan (Deuteronomio 5:9-10).

La Biblia enseña con claridad que solo Cristo salva. La religión, las tradiciones o las imágenes no pueden dar vida eterna. Hoy es el tiempo de creer en Jesús, vivir en obediencia a Su Palabra y preparar nuestro corazón para el día en que Él juzgará al mundo con justicia.

martes, 12 de mayo de 2026

JUSTIFICADOS POR FE

 

Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. (Romanos 4:3)

Abraham es considerado el padre de la fe, pues fue declarado justo por Dios al creer en la promesa de que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra (Génesis 12:3; Gálatas 3:8). Este acto de fe ocurrió antes de ser sellado el pacto mediante la circuncisión (Génesis 17:10-11). Abraham creyó que Dios podía darle un hijo aun cuando tenía casi cien años y su esposa Sara era estéril y avanzada en edad (Hebreos 11:11-12).

No fue por obras humanas que Abraham alcanzó justicia, sino por la fe que lo llevó a obedecer. La fe precede a las obras: primero se cree y se confía en Dios, y esa confianza produce fidelidad y obediencia al llamado del Señor (Hebreos 11:8).

Hoy la iglesia de Jesucristo no necesita circuncidar el prepucio como señal de pacto, sino circuncidar el corazón (Romanos 2:29; Colosenses 2:11), lo cual significa morir al viejo hombre y vivir en santidad para Cristo.

La salvación es por gracia, como regalo inmerecido, a través de la obra expiatoria de Jesús en la cruz (Efesios 2:8-9). Él fue crucificado como si fuera el más grande pecador, siendo puro y sin mancha (2 Corintios 5:21), para que nosotros, siendo pecadores, podamos presentarnos ante Dios como justos que nunca han pecado.

Nuestra fe está puesta en la obra de Jesús, quien nos justifica, salva y nos impulsa a vivir en obediencia a la Palabra y voluntad de Dios (Romanos 5:1-2).

Si hoy no tienes la fe suficiente en Jesús, rinde tu corazón a Él, pide perdón por tus pecados, clama por la dirección del Espíritu Santo y permite que te revele su Palabra, pues “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Deja que Él obre en ti y tú en Él.

La justificación no proviene de nuestras obras, sino de la fe en Jesucristo. Abraham es ejemplo de que la fe genuina produce obediencia y esperanza en las promesas de Dios. Hoy, el creyente debe vivir confiado en la gracia de Cristo, con un corazón circuncidado y una vida rendida a la santidad.

Reflexiona: ¿Estás seguro de tu justificación y salvación delante del Señor? y ¿Cuál es la base de tu seguridad?

TEMER A DIOS

  “El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad.” (Proverbios 15:33) Todo hombre de Dios anhela vivir en...