Cuando alguien aprende y conoce el original desde el principio, no tendrá que desaprender lo aprendido incorrectamente. Es más fácil aprender algo nuevo que desaprender algo mal aprendido.
El mayor original de toda verdad está en la Palabra de Dios:
la Biblia. Necesitamos leerla continuamente para entenderla y aprenderla; pero
no debemos hacerlo con nuestra inteligencia personal, sino sometidos a la guía
y enseñanza del Espíritu Santo.
Si quieres aprender y compartir más de la Biblia, como
voluntad de Dios, te aconsejo leerla desde Génesis hasta Apocalipsis. Cuando te
enfoques en un tema, considera:
- Leer
todo el libro. Puedes dedicar un mes o más, por ejemplo: al leer el
evangelio de Juan, con 21 capítulos, puedes leer un capítulo diario
durante 21 días.
- Identificar
los títulos. Aunque inicialmente la Biblia no tenía capítulos ni
versículos, estos se añadieron posteriormente para facilitar el estudio.
En el evangelio de Juan, hay 82 títulos que podrían estudiarse para 82
devocionales o enseñanzas específicas.
- Estudiar
un título a la vez. Esto permite hacer una buena exégesis (análisis
del texto) para no salir del contexto, dentro del libro y del propósito
para el cual fue escrito. Aquí, puedes identificar palabras clave, orar la
Palabra, encontrar verdades teológicas o permanentes, entre otros.
- Ampliar
tu conocimiento y entendimiento. Lee varias versiones del texto
bíblico, comentarios bíblicos de teólogos acreditados, libros sobre el
tema, mira videos sobre el pasaje en referencia y verifica las verdades
teológicas en el fundamento de toda la Palabra.
- Considerar
la utilidad de la Palabra en la transformación de tu vida. Si la
Palabra no tiene poder primero en tu vida, de nada servirá que trates de
compartirla con otros. Aplica la hermenéutica para identificar estas
verdades.
- Preparar
una enseñanza. Los recursos homiléticos son varios, y aunque hay
muchas escuelas que defienden sus propias metodologías, recuerda que el
maestro de maestros es el Espíritu Santo. Estar en un molde no
necesariamente es de Dios, sino de hombres; sin embargo, los lineamientos
metodológicos ayudan a mantener orden y evitar usar un texto fuera de
contexto como pretexto.
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