Todos tenemos dones y talentos, capacidades y competencias
que desarrollamos, fortalezas y oportunidades. Sin embargo, también enfrentamos
debilidades y tentaciones con las que luchamos. En nuestras propias fuerzas
estamos limitados; a menudo no nos damos cuenta del pecado y la maldad que nos
acompañan. ¡Necesitamos al Espíritu Santo! Solo Dios, cuando estamos en Cristo
Jesús y a través del Espíritu, nos hace ver nuestra naturaleza pecadora y
nuestra necesidad de Él. Anhelamos con todo el corazón y la mente obedecerle y
nos esforzamos, pero a veces volvemos a caer en ciertas temporadas: nos
airamos, hablamos mal o hacemos algo que sabemos que no agrada a Dios. Nos
arrepentimos, corremos al Señor y pedimos su perdón y misericordia. Anhelamos
vivir en santidad. Entonces, ¿qué podemos hacer para lograrlo? ¿cómo vivir en
santidad y rectitud en un mundo caído, con tantas tentaciones?
Busca a Dios con todo tu ser y reconócelo en todos tus
caminos. Sé consciente de su presencia.
Huye del pecado y de toda tentación en la cual podrías caer
debido a tu debilidad. Guarda tu santidad.
Crea barreras, júntate con hombres temerosos de Dios y
trabaja en la obra del Señor. Crea un ambiente correcto.
Estudia para conocer cada vez más a Dios Padre, Hijo y
Espíritu Santo y clama para que el fruto del Espíritu se manifieste en tu vida.
Trabaja con humildad. Entendamos que Dios tiene el control y
solo a Él sea toda la gloria. Amén.

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