Muchos ponen sus ojos en los hombres. Algunos encuentran inspiración en líderes influyentes, mientras que otros admiran personajes famosos que los cautivan como modelos inspiracionales. Incluso figuras bíblicas como Abraham, José, Moisés, Job, David, Isaías y otros del Antiguo Testamento, así como Pedro, Pablo, Juan y Santiago del Nuevo Testamento, han sido grandes referentes de los cuales podemos aprender. Sin duda, fueron instrumentos usados por Dios para dejarnos enseñanzas, pactos y ejemplos de fe.
Sin
embargo, todos los hombres—pasados, presentes y futuros—son limitados,
imperfectos y propensos a debilidades que pueden empañar su testimonio en un
instante.
Solo
Jesús es el modelo perfecto, único e incomparable. Él es Dios, líder y maestro
supremo. Debemos fijar nuestros ojos en Él, “el autor y consumador de la fe”
(Hebreos 12:2). En Cristo encontramos seguridad, firmeza y confianza, pues en
Él está la verdad absoluta, sin engaño ni mentira.
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